Katalanaren aldeko estrategia berriak

Katalanaren aldeko estrategia berriak
Josep-Anton Fernández Montolí
Udaltop 2011

1. Introducción
En esta ponencia expondremos el giro discursivo que ha protagonizado la Plataforma per la Llengua al colocar el punto de vista de los catalanohablantes de adopción en el centro de los discursos a favor del catalán. La Plataforma per la Llengua es una organización no gubernamental que trabaja para promover la lengua catalana como instrumento de cohesión social. Actuamos en los diferentes territorios de habla catalana y desde una perspectiva transversal en el ámbito socioeconómico y audiovisual, en la acogida lingüística a las personas inmigrantes, en las universidades y en la educación, así como en las administraciones públicas, entre otros ámbitos de actuación. Los éxitos conseguidos desde 1993 nos han comportado reconocimientos como el Premi Nacional de Cultura 2008 a la Promoció Social de la Llengua Catalana, o el Premi Nacional de Voluntariat 2010, ambos otorgados por la Generalitat de Catalunya.
En las páginas que siguen describiré, en primer lugar, el giro discursivo a que aludía más arriba (de la recuperación a la ganancia, de la integración a la adopción, de la supervivencia al bienestar). En segundo lugar, mostraré su relevancia en el contexto de los cambios sociolingüísticos que ha experimentado la sociedad catalana y en el marco de la historia de la inmigración en Cataluña, y expondré su concreción en el concepto de lengua común. Finalmente, explicaré las consecuencias de este giro en las líneas de trabajo de la Plataforma per la Llengua y presentaré la guía El català també és meu: Guia per a nous i futurs parlants de català, recientemente publicada por la entidad.
Es importante destacar que no pretendemos que nuestro discurso a favor del catalán tenga una validez universal, es decir, que pueda ser inmediatamente aplicable a otros contextos. Al contrario, es un discurso que se ha ido desarrollando en contacto con un contexto concreto, y elaborado con vocación de contingencia.

2. Un giro discursivo
Aunque la Plataforma per la Llengua ha conseguido un buen número de éxitos en sus más de quince años de existencia, probablemente su proyecto actual de renovación de los discursos a favor del catalán es su contribución más notable. La pieza más importante de este proyecto es tal vez el haber colocado el punto de vista de los catalanohablantes de adopción (y de los nuevos catalanohablantes) en el centro de los discursos a favor del catalán.
1. Antecedentes
Para entender el giro que actualmente estamos llevando a cabo en la labor a favor del catalán, hay que tener en cuenta que los discursos sobre los cuales se apuntalaba la política lingüística oficial y el activismo lingüístico se basaron, hasta finales de los años 90 e inicios de la década siguiente, en el concepto de “recuperación”. Así pues, como rezaban los documentos de la Dirección General de Política Lingüística de la Generalitat de Catalunya hasta hace relativamente pocos años, el objetivo de las políticas públicas era la “recuperación” del catalán en todos sus ámbitos de uso. Tal formulación era comprensible, teniendo en cuenta el trauma de la prohibición del uso público del catalán durante el franquismo y el gran influjo de inmigrantes castellanohablantes entre 1950 y 1975.

Sin embargo, el discurso de la recuperación empezó ya desde inicios de la década de los 90 a mostrar signos de cansancio y claras muestras de sus limitaciones. Este discurso, centrado alrededor de la experiencia y el punto de vista de los catalanohablantes de origen (las personas que tienen el catalán como primera lengua o lengua familiar), presentaba una considerable fuerza legitimadora para con este segmento de la población. No obstante, a medida que se iban incorporando nuevos hablantes a la comunidad lingüística catalana y que se intensificaba la manipulación política de la cuestión de la lengua, se empezaron a hacer evidentes las limitaciones del discurso de la recuperación.
En primer lugar, este discurso dejaba sin revisar una serie de lugares comunes sobre la relación entre lengua e identidad catalana que apenas prestaban atención al papel social del catalán; en segundo lugar, no interpelaba suficientemente a las personas cuya lengua primera no era el catalán, ni al creciente número de nuevos hablantes (actualmente los hablantes que tienen como segunda lengua el catalán central —la variedad de la región de Barcelona— son el segundo grupo más numeroso de catalanohablantes); en tercer lugar, como consecuencia del punto anterior, proporcionaba una legitimación débil a medidas como la inmersión lingüística en las escuelas, ya que probablemente suscitaba más consentimiento que adhesión entre las familias castellanohablantes; y finalmente, no creaba una posición desde la cual los nuevos hablantes y los catalanohablantes de adopción pudieran hablar y hacerse visibles. Este último punto es crucial, tanto por la importancia estratégica que tienen los nuevos hablantes en la defensa pública del catalán ante los ataques que constantemente recibe, como por el hecho de que el futuro de esta lengua reside no sólo en el mantenimiento de la transmisión intergeneracional sino también en su capacidad de atraer nuevos hablantes a su comunidad lingüística.
Fue a partir del año 2000, con la creación de la entidad “Veu Pròpia” (voz propia) —un grupo de nuevos catalanohablantes a favor del catalán—, cuando esta situación empezó a cambiar. Veu Pròpia tenía como objetivos proporcionar una plataforma de expresión para los nuevos hablantes (a fin de evitar que se hablara en su nombre desde posiciones contrarias a la lengua catalana), ofrecer modelos de conducta a las personas que estuvieran en proceso de adoptar el catalán como lengua habitual, y proponer nuevos discursos a favor del catalán desde el punto de vista de los nuevos hablantes. Una contribución clave de Veu Pròpia fue poner en circulación el concepto de “lengua común” en el discurso público en Cataluña; un concepto que pronto adoptaría la Plataforma per la Llengua al desarrollar su campaña de acogida lingüística para dar respuesta a las nuevas migraciones. En 2007 los fundadores de Veu Pròpia decidieron integrarse en la Plataforma per la Llengua, en el seno de la cual crearon la Comisión de Catalanohablantes de Adopción.
2. El punto de vista de los catalanohablantes de adopción y los elementos de un nuevo discurso
Así pues, la Plataforma per la Llengua está embarcada en un proceso de renovación de los discursos favorables al catalán cuyo alcance es considerable, en tanto que se dispone a crear nuevos consensos mediante la incorporación del punto de vista de los nuevos hablantes al centro de los discursos sobre la lengua. Este cambio general de punto de vista se podría resumir de la siguiente manera:

 De la recuperación a la ganancia: partimos de la base de que la idea de recuperación solamente interpela a los catalanohablantes de origen, ya que los nuevos hablantes no pueden recuperar algo que no han perdido. Más bien, para los catalanohablantes de adopción el catalán supone una ganancia neta que les permite el acceso a nuevas maneras de expresarse, a nuevas relaciones y espacios, a nuevas oportunidades laborales y sociales; para la comunidad lingüística, lo que está en juego no es la recuperación de ámbitos perdidos, sino la ganancia de nuevos miembros que le aseguran el futuro y proporcionan a la lengua nuevos acentos y matices expresivos.
 Del “cambio de lengua” a la incorporación y la gestión individual del multilingüismo: hasta hace muy poco tiempo, la experiencia de empezar a hablar catalán y adoptarlo como lengua habitual se describía como un “cambio”, lo cual sugería también una transformación a nivel subjetivo que no siempre es deseada, y que puede percibirse como la necesidad de renunciar a la lengua de origen; nosotros preferimos describir esta experiencia como la incorporación de una nueva lengua al repertorio del hablante, que no requiere una renuncia los orígenes ni a la propia identidad, sino aprender a compatibilizar las diversas lenguas que se hablan según los espacios, ya sean privados o públicos, en que se usan.
 De la integración a la adopción: en el discurso clásico, la adquisición del catalán era un elemento crucial en el proceso de integración de los individuos en la sociedad catalana. Sin embargo, el énfasis de este concepto se halla sobre la sociedad de acogida, y no sobre la voluntad y el esfuerzo de la persona que se incorpora a la comunidad lingüística y nacional. Por otra parte, como dice la escritora Najat El Hachmi en su libro Jo també sóc catalana, “[q]uan algú et diu que t’integris, el que t’està demanant en realitat és que et desintegris” (El Hachmi 2004: 90), ya que “integrarse” supone entrar en una constelación discursiva, de representaciones y de prácticas que exige la desintegración de la propia. Desde nuestro punto de vista, el nuevo hablante no es el objeto de la integración, sino el sujeto de la adopción: es él quien adopta la lengua y la sociedad que le acoge, estableciendo con ellas una relación afectiva de carácter permanente.
 De la supervivencia al bienestar: la metáfora dominante en el discurso clásico para formular el objetivo de la política lingüística era la supervivencia del catalán; sin embargo, esta metáfora apenas consigue resonar con la experiencia de esfuerzo y ganancia del nuevo hablante. Desde nuestro punto de vista, el nuevo hablante confiere nueva salud al catalán, y gracias a la adopción de la lengua gana nuevas oportunidades. Preferimos, pues, la metáfora del bienestar del catalán, que por otra parte se corresponde mucho mejor con su estatus de lengua mediana: los retos que tiene planteados el catalán actualmente no pasan por evitar el riesgo de extinción, sino por conseguir un nivel de uso social y de reconocimiento legal y político que la homologuen a otras lenguas de la Unión Europea con un número parecido de hablantes.

 Del sacrificio al esfuerzo recompensado: el discurso de la recuperación va estrechamente asociado a la idea de sacrificio, una idea que por su parte proviene del resistencialismo antifranquista. A pesar de su alto poder legitimador, la idea de sacrificio presuponía unas adhesiones y consensos que todavía estaban por construir y no reflejaba el interés de aquellos que hacían el sacrificio. Nosotros ponemos el énfasis en la noción de esfuerzo: el del nuevo hablante que gana acceso a nuevos espacios y oportunidades y culmina el esfuerzo de sus padres o abuelos al establecerse en Cataluña, y el de la sociedad catalana, que se garantiza un futuro de bienestar al incorporar nuevos ciudadanos y nuevos hablantes a su comunidad lingüística. La idea de esfuerzo recompensado, pues, es uno de los elementos que permite a los individuos establecer una conexión con el pasado y proyectarse hacia el futuro.
 De la lengua propia (de Cataluña) a la lengua común (de los catalanes): mientras los Estatutos de Autonomía de Cataluña de 1979 y 2006 definen el catalán como lengua propia de la comunidad autónoma, es decir, como lengua del territorio o de la nación, nosotros proponemos definirlo como lengua común de los catalanes, es decir, como aquella lengua que estructura la vida pública en un contexto de multilingüismo, que reconcilia la individualidad de cada persona con la pluralidad necesaria en toda sociedad democrática y con la necesidad de compartir referentes y valores para poder convivir y asegurar la cohesión social. En este sentido estamos desarrollando un discurso plenamente liberal. El concepto de lengua común fue recogido en la Ley de Acogida de las Personas Inmigradas y Regresadas a Cataluña aprobada por el Parlament de Catalunya en 2010.

3. De la lengua propia a la lengua común
Como es evidente, este giro discursivo no surge de la nada, sino que responde a una serie de importantes cambios demográficos, y es fruto de una reflexión sobre el papel de la inmigración en la historia de Cataluña. Y como decíamos más arriba, el giro en que estamos embarcados se concreta en el concepto de lengua común.
1. Un contexto de cambios, un lugar en la historia de Cataluña
En los últimos quince años ha tenido lugar la más reciente de las oleadas de inmigración a Cataluña, que como las anteriores ha sido de proporciones masivas: según datos de la Generalitat de Catalunya, hemos pasado de 181.560 extranjeros empadronados en Cataluña en 2000 a 1.189.279 en 2009, lo cual corresponde aproximadamente a un 16% de la población. Desde el punto de vista lingüístico, este influjo de población ha tenido como consecuencia una situación de diversidad hasta la fecha desconocida, ya que están censadas más de 200 lenguas en nuestro territorio. Esta enorme diversidad se asienta sobre un conflicto lingüístico preexistente en que el catalán mantiene su posición subordinada. Como escriben Puri Pinto y Martí Gasull, nos encontramos ante el reto de armonizar la convivencia entre un sinfín de lenguas “abans d’haver resolt un bilingüisme parcial segons el qual la majoria dels parlants bilingües són els que tenen el català com a primera llengua. Un bilingüisme, doncs, que fomenta l’abandonament de l’ús de la llengua catalana per bona part de la població catalanoparlant en benefici de la consolidació del monolingüisme de la població castellanoparlant, pel fet de no trobar àmbits socials on poder aprendre i practicar la llengua catalana” (Pinto y Gasull 2010: 69; enlace en el apartado de referencias).

Así pues, intentamos dar respuesta a una nueva situación de diversidad en que persisten tanto la norma de convergencia hacia el castellano (que hace aún más difícil la entrada en la comunidad lingüística catalana) como la falta de legitimación de los catalanohablantes de adopción, a causa de la falta de discursos y representaciones que validen su experiencia. Pero al mismo tiempo nuestro giro discursivo es el resultado de una reflexión sobre la historia de la inmigración en Cataluña. Como hemos argumentado Salvador Cardús (2007) y yo mismo (Fernàndez 2008: cap. 6), la cultura catalana contemporánea se caracteriza por una extraña paradoja: por un lado tiene una riquísima historia migratoria, pero por el otro muestra una gran pobreza en cuanto a las representaciones y los discursos de lo que seguramente es el fenómeno social más importante del siglo XX. Efectivamente, y como explican especialistas como la demógrafa Anna Cabré, sin inmigración Cataluña tendría actualmente menos de 2.500.000 habitantes; a finales del siglo XX el 75% de la población tenía origen inmigrante (o lo que es lo mismo, sólo un 25% de catalanes tenían los cuatro abuelos nacidos en Cataluña); ya en 1930 los nacidos fuera del territorio eran el 27% de la población (Cabré 1999: 26, 164, 183); y no se trata de una historia reciente, puesto que a finales del siglo XVI el 20% de los hombres eran occitanos o franceses (Conversi 1997: 188-89).
La importancia histórica del fenómeno migratorio es tal que, según Cabré (1999: 178), proporcionalmente Cataluña ha recibido más inmigración que la Argentina, país que a menudo se considera sociedad inmigratoria por excelencia. O por decirlo de otra manera, demográficamente hablando Cataluña se parece más a Australia o al Canadá que a Finlandia, Portugal o la República Checa. Sin embargo, existen bien pocas representaciones literarias o audiovisuales de esta realidad histórica y social, que de hecho podríamos considerar como el auténtico “hecho diferencial” de Cataluña como nación en el contexto europeo.
Ante esta falta de visibilidad simbólica, Cardús propone convertir la inmigración en un “lugar de memoria nacional” que permita transformar esta experiencia en un origen compartido; es decir, que haga posible aceptar que todos los catalanes somos antiguos inmigrantes: “amb aquesta conversió de la immigració en lloc de memòria, es facilitaria la dissolució de l’estigma [de la extranjería] i s’afavoriria l’adhesió sentimental que demana tot procés de cohesió social. Es tracta, en definitiva, de facilitar la dissolució de la condició d’immigrant d’alguns a través del reconeixement de la condició d’antics immigrants de tots” (Cardús 2007: 13). Mediante su proyecto de revisión de los discursos sobre la lengua catalana, la Plataforma per la Llengua participa de la propuesta de Cardús, y al elaborar un discurso integrador y mediador que compatibiliza “la cultura i la llengua d’origen amb la llengua i la cultura catalanes” (Pinto y Gasull 2010: 69), aspira a ofrecer a los catalanes de todos los orígenes un lugar en la historia de Cataluña, entendida ahora como una nación de inmigrantes.
2. El concepto de lengua común
Como hemos dicho más arriba, el giro discursivo que está desarrollando la Plataforma per la Llengua culmina en la adopción del concepto de lengua común para definir al catalán. Con ello respondemos al hecho de que Cataluña ya no es una sociedad bilingüe, sino un país multilingüe en que se hablan más de 200 lenguas. Es evidente que esta nueva situación de diversidad lingüística puede comportar enormes beneficios, no sólo culturales sino sobre todo económicos, y de aquí la importancia que las políticas públicas tendrían que conceder a la gestión del multilingüismo. Sin embargo, también nos parece evidente que el éxito de una sociedad multilingüe pasa por la existencia de una lengua común que estructure la vida pública.

Al utilizar este concepto, a menudo se usa como sinónimo de “lengua de cohesión social”. Pero si por lengua de cohesión social entendemos simplemente una lengua de comunicación interétnica que garantice el acceso al mundo laboral y a los servicios sociales básicos, está claro que en Cataluña ya tenemos una: el castellano. Ahora bien, a nuestro entender una lengua común es alguna cosa más; porque en la lengua hay alguna cosa más que la lengua misma, irreducible a su forma, su estructura, sus funciones y sus usos. Según nuestra definición (que no es descriptiva sino que tiene un carácter normativo), una lengua común desempeña tres papeles:
 Político: ayuda a formar parte plenamente de una comunidad política;
 Cultural: encarna y da acceso a la tradición cultural del territorio en que se habla, y proporciona un sentido de identidad colectiva;
 Subjetivo: contiene un elemento afectivo, da un sentido de pertenencia a quien la habla.
Una lengua común tiene también una cierta legitimidad para serlo, legitimidad que deriva de su vinculación al territorio en el que se ha hablado históricamente y a la tradición cultural del mismo, así como del hecho de que no contribuye a ningún proceso de sustitución lingüística y ayuda a conservar la riqueza lingüística del mundo.
Por otra parte, una lengua común articula la gestión de la diversidad lingüística del territorio en que se habla históricamente y hace que sean compatibles las identidades de origen y una identidad compartida. Es decir, que la lengua común, a la vez que respeta la pluralidad de lenguas que se hablan en una sociedad, permite que unas no invadan el espacio social de las otras, y proporciona además un sentido de identidad colectiva a todos los ciudadanos.
La existencia de una lengua común en un territorio no es incompatible con la existencia de otras lenguas comunes en el mismo estado o a nivel supraestatal. Por ejemplo, que el catalán sea la lengua común de los catalanes no impide que éstos tengan el castellano como lengua común para comunicarse con los españoles, los gallegos o los vascos, o el inglés, el francés u otras lenguas para comunicarse con el resto de europeos.
Por encima de todo, es esencial destacar que una lengua común es un proyecto de vida en común, no una realidad ya construida. En el caso de Cataluña, el catalán es la lengua que tiene la legitimidad, el valor simbólico, para ser la lengua común de los catalanes. Su función histórica, el papel social que ha jugado en los últimos 200 años, es convertir a “gente de fuera” en “gente de aquí”. Se trata, pues, de la lengua que ha servido durante siglos para quitar la etiqueta de inmigrante y ha disuelto la distinción entre “autóctono” e “inmigrado”. Es la lengua que los catalanes tienen en común a pesar de sus orígenes diversos. El catalán da acceso a la tradición cultural del país; proporciona a los catalanes de primera generación un sentido de ubicación cultural, una carta de naturaleza como ciudadanos libres e iguales, un lugar en la historia de Cataluña.
El proyecto de convertir el catalán en la lengua común de los catalanes no busca el mínimo común denominador que simplifica y empobrece la expresividad de la lengua. Al contrario, es un programa de máximos, ya que aspira a la incorporación de nuevos acentos, matices y texturas, a aumentar la riqueza y la complejidad de los discursos y representaciones sobre la identidad catalana. El proyecto de la lengua común va más allá de la diversidad lingüística: reconoce y celebra la pluralidad inherente a toda sociedad democrática, la complejidad de nuestras identidades y realidades sociales, y nuestra propia multiplicidad como sujetos.

4. Nuevas formas de trabajo a favor del catalán
Todo lo que he expuesto hasta ahora tiene un carácter ciertamente teórico y abstracto, pero se trata de hecho del fundamento de nuestra práctica a favor del catalán. A continuación presentaré algunas de las concreciones de nuestro giro discursivo, y me centraré de manera más detallada en la guía El català també és meu, de reciente publicación.
1. “El català suma”
En sus más de quince años de historia, la Plataforma per la Llengua ha pasado de lanzar unos mensajes de tipo reivindicativo a ofrecer otros más propositivos. De esta manera se ha buscado una mayor coherencia con su carácter de entidad pragmática y rigurosa que aspira a conseguir resultados y transformar la realidad social. Así, durante sus primeros años de existencia el eslogan principal de la Plataforma era “Volem viure plenament en català” (Queremos vivir plenamente en catalán), y hacia mediados de los años 90 el mensaje que articulaba nuestra acción fue “Utilitza la llengua”, eslogan ilustrado con la imagen de una pareja joven de género indeterminado que se besaba, transmitiendo así un espíritu más desenfadado al trabajo a favor del catalán.
En años más recientes, sin embargo, y en consonancia con el giro discursivo expuesto anteriormente, el mensaje principal de la Plataforma es “El català suma”. Este mensaje, de carácter evidentemente positivo, traduce en términos simples y comprensibles la idea de la ganancia, y es más coherente con los retos que comporta el estatus de lengua mediana del catalán. Al mismo tiempo tiene una traducción clara en los ámbitos de las dos campañas principales de la Plataforma per la Llengua: la empresa y la acogida lingüística. En el primer caso, argumentamos que el catalán suma porque el público consumidor lo considera un signo de calidad, y por lo tanto aporta valor añadido a las empresas; en el segundo, el catalán suma porque incluye a nuevas personas en la comunidad lingüística y nacional, y les aporta nuevas oportunidades sociales y el acceso a nuevos espacios y relaciones.
Así, en nuestra labor a favor del catalán el eslogan “El català suma” se traduce en una oferta de recursos y soluciones a la ciudadanía y a la empresa. En el caso de la campaña de acogida lingüística, se ha concretado en un amplio número de acciones y recursos, que resumo a continuación pero que se explica detalladamente en Pinto y Gasull (2010):
 La dinamización de una red de entidades y organizaciones de personas inmigrantes, la cual trabaja la lengua catalana como vehículo para la adquisición de derechos sociales hacia una plena ciudadanía
 La celebración anual por Sant Jordi de una serie de actos bajo el lema “El català, llengua comuna”, orientados a resaltar el papel del catalán como elemento de cohesión social y celebrar las contribuciones de los colectivos de personas inmigrantes a la cultura catalana común, especialmente a través de la música. De esta experiencia han surgido resultados importantes, como el manifiesto “El català, llengua comuna”, redactado por las entidades integradas en la red, y el espectáculo de fusión musical Detotarrel (editado también en CD, con una tirada de 25.000 ejemplares).

 Las exposiciones “El català? És chévere!” y “Obre’t en català” (ábrete en catalán). La primera exposición (cuyos textos están en catalán, castellano, quechua, aymara y guaraní) tiene como objetivo crear actitudes positivas hacia la lengua catalana entra la población de origen latinoamericano; la segunda, dirigida a la población que tiene el catalán como primera lengua, pretende mostrar la importancia de usar el catalán como instrumento de inclusión, y presenta el hábito de convergencia como una nueva forma de exclusión social.
 Las guías Salam al català (destinada a la población islámica de Cataluña, y editada en catalán, árabe y urdú), De cara a la ciutadania, de cara al català (que ofrece recursos para la acogida lingüística en las administraciones públicas) y la Guia pràctica d’acollida lingüística (destinada a los agentes educativos y sociales).
Sin embargo, nuestro trabajo no se limita a la inmigración, sino que también se dirige a los nuevos y potenciales catalanohablantes en un sentido más amplio, como exponemos en la próxima sección.
2. La guía El català també és meu
En 2008 la Plataforma per la Llengua creó una Comisión de Catalanohablantes de Adopción, cuyos objetivos principales son elaborar, a partir del punto de vista de los nuevos hablantes, un nuevo discurso capaz de extender el uso social del catalán y de legitimar a los nuevos catalanohablantes; ofrecer estrategias para la adopción del catalán como lengua habitual; elaborar argumentarios contra la manipulación política de la cuestión lingüística; y sensibilizar a los catalanohablantes de origen para que no cambien de lengua ante un potencial nuevo hablante. A un nivel más amplio, la Comisión tiene como misión contribuir a crear nuevos consensos sociales alrededor del catalán, lo que requiere nuevos discursos que rompan esquemas, desmonten tópicos y cambien conductas, siempre a partir de la idea de que el bienestar futuro de la lengua catalana depende de su capacidad de incorporar nuevos miembros a su comunidad lingüística.
Así pues, la Comisión de Catalanohablantes de Adopción asume un rol preponderante en las tareas de producción de discurso en el seno de la Plataforma per la Llengua. Su proyecto más importante hasta la fecha es la guía El català també és meu: Guia per a nous i futurs parlants de català (Plataforma per la Llengua 2010), que cristaliza a nivel práctico y en un lenguaje muy accesible los elementos del discurso que hemos expuesto en las secciones anteriores, y al mismo tiempo ofrece estrategias y recursos para llegar a adoptar con éxito la lengua catalana.
Es importante remarcar la complejidad de este texto en relación tanto al público destinatario como a las características de su redacción. En cuanto al público, la guía se dirige obviamente a la población llegada recientemente a Cataluña, a las personas que están actualmente aprendiendo catalán y a los participantes en el programa de Voluntariado por la Lengua, pero también a la población escolarizada en catalán que no usa habitualmente esta lengua, así como a los catalanohablantes de origen que sistemáticamente abandonan el catalán en las interacciones con personas que no lo hablan, hábito que dificulta a estas últimas el aprendizaje y uso de la lengua.

En lo que se refiere al estilo y la presentación, se trata de una guía bilingüe (catalán/castellano) redactada en primera persona, tanto del singular como del plural, ya que se pretende explicitar el hecho de que quienes la han escrito han experimentado ellos mismos el proceso de adopción lingüística. La guía sigue el esquema clásico de preguntas y respuestas, pero se evita en todo momento un discurso neutro: en algunas secciones las preguntas las formula un “yo” que está llevando a cabo el proceso de adopción, y las responde otro “yo” (o un “nosotros”) que le transmite su experiencia; en otras secciones es un mismo “yo” quien pregunta y contesta, dramatizando de esta manera un proceso de reflexión interna; en ocasiones este “yo” se refiere a él mismo usando el género masculino, y en otras ocasiones el femenino. Hay, pues, una pluralidad de voces que gráficamente se refleja en las ilustraciones, donde aparecen cuatro “personajes” anónimos y de orígenes diversos, dos hombres y dos mujeres, que encontramos en situaciones diversas de la vida cotidiana. El discurso en primera persona que despliega la guía se visualiza implícitamente en estos cuatro “personajes”, dos adultos que han adoptado el catalán, y dos jóvenes que lo están adoptando.
La guía ofrece un itinerario del proceso de adopción de la lengua, con la intención de hacerlo más predecible y por lo tanto más fácil. Cada sección del texto corresponde a una fase de este proceso:
 Fase 1: “El catalán, más cerca”. En esta fase el catalanohablante potencial se aproxima a la realidad y la presencia de la lengua catalana, que hasta ahora estaba fuera de su entorno cotidiano, y se trabajan los prejuicios y tópicos más comunes, desde la necesidad de la lengua hasta el miedo a ser etiquetado y estigmatizado, pasando por el falso problema de las renuncias y las posibles consecuencias personales de la adopción lingüística.
 Fase 2: Romper el hielo. Aquí se intensifica la aproximación a la lengua, y el catalanohablante potencial se plantea seriamente la decisión de empezar a aprender y usar el catalán. Los aspectos tratados en esta sección son la vergüenza, la inseguridad en la expresión, el miedo a ser ridiculizado por el acento, el sentimiento de ser un “bicho raro” y, nuevamente, el temor a ser etiquetado y estigmatizado por motivos culturales, políticos o sociales.
 Fase 3: Encontrar ámbitos de uso. Esta sección, como la siguiente, está redactada enteramente en primera persona, y intenta representar el proceso de reflexión interna del nuevo hablante, que se enfrenta a las dudas e incertidumbres que le crea el hecho de sentirse inseguro ante sí mismo y ante los demás. Aquí trabajamos los problemas de encontrar ámbitos donde usar el catalán, la legitimidad del nuevo hablante y las consecuencias de la convergencia hacia el castellano.
 Fase 4: Reconfigurar la identidad personal. En la misma línea de reflexión interior, en esta sección abordamos la relación entre lengua e identidad, la autopercepción del nuevo hablante y la gestión de las diversas lenguas en espacios y situaciones diferentes.
 Fase 5: Ya sé hablar catalán. ¿Y ahora qué? En esta fase el aprendizaje de la lengua ya ha llegado a su fin, pero la identidad y la legitimidad del nuevo hablante todavía se tiene que consolidar; al mismo tiempo, los efectos del conflicto lingüístico se vuelven más visibles. Estamos, pues, ante un nuevo catalanohablante “estresado”, que se enfrenta a los falsos elogios que le dirigen los catalanohablantes de origen, se cuestiona por qué el hablar catalán se considera una militancia, o se pregunta sobre las dificultades de vivir en catalán.

 Fase 6: El catalán, un proyecto de futuro. En esta sección habla finalmente un “nosotros” inclusivo: las cuestiones que plantea la autolegitimación del catalanohablante de adopción se comparten con el entorno, y por lo tanto la respuesta a estas cuestiones se convierte en una tarea general y social.
En definitiva, se trata de un proyecto de autorepresentación y de autolegitimación de los nuevos miembros de la comunidad lingüística, que persigue el objetivo, precisamente, de disolver las distinciones entre categorías de hablantes. Para concluir, este discurso que se genera a partir del punto de vista de los hablantes adoptivos es un discurso válido para toda la comunidad lingüística, ya que, en palabras de Puri Pinto y Martí Gasull, “permet trobar les fórmules per establir una gestió lingüística a través de la qual resoldre un bilingüisme ancestral i confús i, alhora, una diversitat lingüística nova i recent que reclama tanta unitat i uniformitat en els elements que necessita compartir (una llengua comuna consolidada) com diversitat en els que ha d’aprendre a respectar (tot el ventall de diferents cultures que conviuen en la nostra societat” (2010: 70). Así, al reconciliar unidad y diversidad, individualidad y pluralidad, el discurso de la lengua común pone la lengua catalana al servicio de un proyecto democrático y socialmente avanzado.
Referencias
Cabré, Anna (1999). El sistema català de reproducció. Barcelona: Proa. Cardús, Salvador (2007). “La immigració com a lloc de memòria nacional”. Ausa, 23: 159, pp. 7-13. Conversi, Daniele (1997). The Basques and the Catalans: Alternative Routes to Nationalist
Mobilization. Londres: C. Hurst.
El Hachmi, Najat (2004). Jo també sóc catalana. Barcelona: Columna.
Fernàndez, Josep-Anton (2008). El malestar en la cultura catalana: La cultura de la normalització
1976-1999. Barcelona: Empúries.
Pinto, Puri, y Gasull, Martí (2010). “La llengua comuna, un dret civil fonamental”. Barcelona societat: Revista de coneixement i anàlisi social, 18, pp. 69-77.
Plataforma per la Llengua (2010), El català també és meu: Guia per a nous i futurs parlants de català; El catalán también es mío: Guía para nuevos y futuros hablantes de catalán. Barcelona: Plataforma per la Llengua y Fundació Vincle.

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